martes, 28 de agosto de 2012
Encuentro notable en una plaza de Buenos Aires
El otro día me senté en un banco de una plaza cualquiera de un barrio que ya ni me acuerdo, a leer a Borges, específicamente su obra poética que comprende 1923 a 1929, es una rica colección de poemas que en su mayoría se presentan en verso libre; escrito de joven, presentan el fervor de un Borges ultraísta, y aún así no deja de perder una pizca de cordura ni de madurez literaria.
Me elevan, me gustan mucho. La poesía de Borges quizás no sea lo mejor de su Obra, es que lo prefiero en cuentos, pero aún así tiene sonetos con una delicadeza estética admirable y cosas extravagantes también, como sus tankas. Lo leo y es como abrir un mundo nuevo, todos los días. Su Obra Completa es una pieza imprescindible.
Caía la tarde en Buenos Aires como todos los días, y la temperatura disminuía a medida que el sol se ocultaba.
-Hola, ¿qué lees?
Sin advertirlo, enroscado y preso de mis momentos literarios, un personaje, joven, no muy mayor, que no superaba los cuarenta, se me sentó al lado.
-Hola, a Borges, ¿te gusta?
-No, nunca lo leí, siempre lo tengo pendiente.
-¡No sabés lo qué te perdés! Borges es un género dentro de la genialidad, es lo más grande que dio la literatura desde Quevedo, cambió todo, revolucionó todo.
Y el tipo me miraba como a una rara avis, con esa cara sorpresa, entre intrigado y dudando acerca de mi exageración.
-Si, había escuchado que era grosso de verdad, pero ¿tanto vos decís che?
-Sin duda alguna, es lo más de lo más, ahora... uno quizás no comparte ciertas apreciaciones en tanto a cuestiones sociales, políticas y hasta humanas, pero hablando de literatura es palabra Mayor.
-¿Cómo es eso?
- Y sí, el tipo era un cerebro increíble, capaz de construir dimensiones en base a palabras, pero humanamente era muy frío de corazón. Va, desde España una vez dijo que Evita era una puta, y con eso perdió mi interés como ser humano, pero no como literato.
- ¿Evita Perón, no?
-Sí.
¡Qué tipo raro, qué especímen! Dentro de todo era muy educado y presentable, generalmente se me pegan otra clase de transeúntes, un tanto más desfachatados e interesados por otras cosas (y no de índole cultural especialmente).
Nos pusimos a charlar de política, de sociedad, de las personas, de la contaminación, del stress y el ritmo de la ciudad, de mujeres, de todo un poco; y el tipo no dejaba de tener esa expresión de intriga constante, examinándome profundamente con la mirada; pero esto no me incomodaba, en el fondo de su mirada podía apreciar una sensación cálida de afecto, prácticamente igual a esa sensación que tengo cuando estoy con mis perros. Me miraba como un perro. Me preguntaba cosas, dominaba la conversación, me sentía cómodo, y me encontraba a veces en un monólogo.
-El problema es un quiebre en la Historia donde sucede algo inexplicable y el Hombre comienza lentamente a venirse en banda, y con él, el mundo.-le decía- Cómo me podés explicar que en una isla donde no es posible la agricultura ni la ganadería, como sucede en la isla de Pascua, haya estatuas de piedra calada de toneladas y toneladas, o que construcciones "primitivas", como Stonehenghe, tengan un mapa estelar, o que muchas construcciones atronómicas apunten a Sirio, es increíble. El hombre en un momento salió de las cuevas a dominar el mundo ¿no? Pequeña empresa, solo no creo que haya podido. En la biblioteca del Vaticano guardan todos estos secretos, pero poco a poco somos más, y pensar que en una época te prendían fuego si hablabas de estas cosas...
El muchacho, que para mi todavía no tenía nombre, miró su reloj, y repentinamente, y en el mejor momento de la charla, se paró.
-Bueno, yo ya me tengo que ir yendo, un gusto, voy a estar leyendo a Borges próximamente.
No, pero pará, ¿por qué no me dejas un teléfono o algo, así nos juntamos a tomar una fresca un día de estos y filosofamos.
-No. Yo no soy de acá, yo vine a dar una mano porque si no ustedes se van a autodestruir.
Se dio media vuelta y se fue. Una puntada en el corazón me dobló y me dejó sentado en el banco, paralizado. Lo vi alejarse por el sendero que rodea a los plátanos, hasta llegar al sauce que da la esquina de la plaza, lo vi esperar a que corte el semáforo, y cruzar la avenida, lo vi alejarse. Se metió en la masa de la gente y fue una cabecita más.
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