viernes, 10 de agosto de 2012
Salmo Escandinavo IV
La plenitud de la conciencia se vive plena en una llanura inconmensurable,
la paz que brota no es casual ni involuntaria
son ganas bastardas, deseos de un mundo mejor
en plena psicosis, y con un encéfalo devastado de tanta tristeza
Acostumbrado, por ahí a ser perchero de trajines opacos
y ocres cosmopolitas.
Revirado, también, y testarudo, hipócrita a veces
cuando logro pensar que no hay jubilación para el amor
que es eso lo único que sobrevive, cuando de polvo es el cuerpo.
Fachadas admirables, y colonias finas,
no hay vuelto para el que pide la escupidera,
ni para el ballet parking que estaciona tu joya de metal a cuatro ruedas.
No hay otra vuelta para un rehacer
renacer, uno mismo, y ser ceniza encantada,
tomar por sorpresa a un instante y hacerlo brillar;
que el sol me guiñe con un rayo mientras bebo un trago de vino
brindando por el destino, ese que no existe.
Ningún deseo es más fuerte que ese que pido para que te quedes,
espero que mi genio, esta vez, esté a mi lado en la vereda.
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